Joaquín Rábago y sus dos premisas claras: «Nada es díficil. Todo es negociación»

Joaquín Rábago es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Trabajó en la revista Triunfo, semanario antifranquista muy popular entre estudiantes. Domina múltiples idiomas, sobre todo, el alemán, lo que le permitió en los años 80 iniciar su recorrido en la corresponsalía extranjera.

Actualmente colabora en diversos medios del grupo Prensa Ibérica. Rábago se muestra crítico hacia los conflictos bélicos y la actitud de Europa, sus instituciones y sus medios. Afirma que un periodista debe tener espíritu crítico, una realidad que, se lamenta, cada vez se ve menos; se muestra decepcionado ante la descortesía de la burocracia española e insta a los jóvenes periodistas a contextualizar sus relatos.

Pregunta: ¿Cómo fueron sus inicios en la Agencia EFE?

Respuesta: Primero comencé como redactor en Bonn (Alemania), aunque me iban a enviar a Moscú, y por ello estudié cuatro años de ruso; ahora ya lo he olvidado casi todo… Después me fui a Washington (Estados Unidos), donde era jefe de dirección; además, había delegaciones en Nueva York y en Miami, y contábamos con algún colaborador en otra ciudad. Allí éramos unas doce personas con acreditación para numerosos eventos, reuniones y visitas de gran relevancia.

P: ¿Qué le llevó al puesto de delegado?

R: Yo quería salir de España; me había formado en la época de Franco… Había estado trabajando en Triunfo, un gran semanario que está digitalizado y en el que aún se puede encontrar todo aquello que escribí hace casi cuarenta años. Todavía hoy me llegan notificaciones de personas que los leen, además de otros muchos artículos. Lo de EFE fue por contactos.

P: ¿Cómo fueron sus últimos días en la Agencia?

R: Simplemente me jubilé. Mi última etapa fue en Londres, donde estuve seis años; a los cuatro me preguntaron si quería ir a Tokio, pero lo rechacé, y después ocurrió lo de Fukushima, me ahorré bastante trabajo. Quizá ahora, pensándolo, me habría gustado ir a Japón porque creo que es un país y una cultura fascinante.

P: Después de haber estado en tantos países, si tuviera que elegir una sola experiencia positiva como delegado, ¿cuál sería?

R: Una cosa es como delegado y otra como persona. Desde el punto de vista personal, Viena me encantó, allí iba a la ópera y al Musikverein; he entrevistado a Plácido Domingo mil veces.

Desde el punto de vista profesional, en Washington tenía muchísimo trabajo; te llamaban a cualquier hora porque había habido un golpe de Estado y necesitaban saber la reacción de Washington. Ser corresponsal en la Casa Blanca implicaba que cuando el presidente hacía un viaje tenías que ir con él y con todos los periodistas a cualquier capital. La Agencia EFE debía tener cierto prestigio y había que enviar a alguien, aunque supusiese un desembolso económico muy grande.

P: Ha citado en uno de sus últimos artículos a Kissinger, que afirma que no conviene ser enemigo de Estados Unidos, pero ser su amigo tampoco es lo ideal, ¿cómo ve la futura relación entre las instituciones europeas y la Casa Blanca?

R: Todo es negociación y Trump es el negociador máximo; estoy seguro de que no se va a quedar con Groenlandia, pero él lo dice para ver si puede invertir en el país o poner una base militar, todo es negociación. Es un ‘carajote ’como dicen los andaluces; es peligroso porque cuando la arrogancia se une a la ignorancia…, lo peor que puede haber.

Se observa al periodista Joaquín Rábago en el centro de la imagen con un aula universitaria de fondo.
Periodista Joaquín Rábago. Autora: Candela Ródenas. Licencia CC BY SA 4.0.

P: A nivel personal, ¿cómo concilió esa demanda y compromiso con el trabajo? ¿Cuánta satisfacción le producía?

R: Yo siempre me he tomado muy en serio el periodismo, me encanta, incluso a veces pienso que demasiado; siempre era el primero en llegar a la oficina y de los que se quedaba allí hasta muy tarde. Me gustaba mucho mi trabajo e incluso firmar: hacer la crónica del día con mi firma.
Todavía sigo escribiendo artículos de opinión, pudiendo opinar de un modo más libre del que antes podía.

 

P: También habrá habido alguna circunstancia negativa o «malas influencias» que le hicieran reflexionar.

R: No, la verdad es que he disfrutado mucho de mi carrera profesional. Incluso en la última etapa en la que ya solo se demandaban vídeos; yo sentí que ese ya no era mi trabajo y me produjo bastante cansancio, aunque me las arreglé: siempre me acompañaba un redactor que se encargaba del vídeo y yo me encargaba de lo que mejor sabía hacer y más me interesaba: la entrevista y la crónica.

Ahora mismo creo que al vídeo es a lo que más importancia se le da, pero considero que es un error porque se envía a una sola persona que tiene que hacerlo todo… ¡es que no da tiempo ni puedes concentrarte! Desgraciadamente, es hacia donde nos estamos dirigiendo.

P: ¿Percibe diferencias notables en el quehacer periodístico de los diferentes países?

R: No, nosotros siempre solíamos estar en centros periodísticos en los que trabajaban otras agencias, como la Reuters, la americana, la francesa…

Aunque sí se observa cierto espíritu competitivo entre ellas. Yo estuve cubriendo dos veces en Davos (Suiza), donde se celebran las reuniones anuales del Foro Económico Mundial. La primera vez que llegué como delegado, me di cuenta de que el de la Agencia France-Presse tenía un escapulario mucho más importante. Estuve negociando trabajosamente con el jefe de prensa de allí para poder entrar en todas las reuniones; para mí France-Presse era la competencia. Hay que tener cierto espíritu competitivo, algo que yo por aquel entonces yo no tenía demasiado. Se tiene que desarrollar. Al final conseguí la acreditación.

P: Muchos periodistas que han trabajado fuera sienten que no están respaldados por el medio de comunicación, ¿cree que hay diferencias con respecto a la Agencia?

R: Claro, es que actualmente hay muchos freelance a los que se les paga una miseria y luego los abandonan incluso en una guerra.

El trabajo de la Agencia ha cambiado mucho; antes, a los delegados nos pagaban una vivienda, pero ahora eso está cambiando y tratan de contratar a gente local para no tener que pagar el traslado. Ahora hay una explotación bestial; no hay seguridad y todo se externaliza, y es contra eso contra lo que hay que luchar.

P: Y, por último, ¿cómo ve el futuro periodístico a nivel internacional en el abordaje de este nuevo orden mundial tan complejo? ¿Y a nivel nacional, desde España?

R: Es difícil. He de confesar que no consumo mucha prensa española. La política nacional me aburre. La política internacional es otro desastre. Los diferentes partidos arguyen que todo es «desinformación rusa» y todo se vuelve muy complejo. Por eso, yo estoy contra la desinformación. En fin… cada vez se escamotea más a los ciudadanos y así nunca podremos entendernos con el Otro.

P: En este entorno tan desalentador, ¿qué les recomendaría a los futuros periodistas?

R: Estudiar idiomas; si son exóticos, mejor, tratad de que os envíen a la «Conchinchina». Hoy en día muchos del periodismo quieren imagen, imagen, imagen; todo es salir a la calle, hacer preguntas no críticas y volver a la redacción, y ¡no!, el periodismo es otra cosa, es una cosa muy seria y muy necesaria.